🫂La sensación de quedarse afuera:
Creo que una de las peores sensaciones que puede experimentar una persona es sentir que se quedó afuera. Afuera de una conversación, de un grupo, de un plan o, simplemente, del lugar al que pensaba que pertenecía.
Debo admitir que, desde que era pequeña, muchas veces creí que quizás el problema era yo.
¿A qué me refiero con esto? Pues pensaba que no era lo suficientemente sociable o que no tenía las mejores calificaciones. Siempre encontraba alguna razón para creer que no era suficiente.
Cuando era chica quería ser amiga de unas niñas que eran las populares del salón, pero por más que me esforzara nunca conseguía que me incluyeran en su grupo.
Después de un tiempo empecé a ser amiga de una chica llamada Ambar. Al principio nos llevábamos muy bien y teníamos muchas cosas en común. Con el tiempo también me hice amiga de otra niña llamada Kiara.
El problema era que ellas también eran amigas de una chica llamada Bianca. Ella, por una razón que hasta el día de hoy nunca entendí, siempre me odió.
Al principio me dejaba estar con el grupo, pero era evidente que no quería hacerlo. Ellas hablaban entre sí y, cuando yo intentaba participar en la conversación, rara vez me prestaban atención. Poco a poco empecé a sentirme fuera de lugar.
Con el tiempo dejé de pasar los recreos con ellas y empecé a quedarme sola pintando en un pasillo de la escuela. La verdad es que me daba muchísima vergüenza estar sola mientras veía a todos los demás jugar o conversar.
También me pasaba en Educación Física. Cuando había que formar equipos, casi siempre me elegían al final con la excusa de que yo no era buena en los deportes.
Con el básquet me ocurrió algo parecido. Empecé a asistir a un club de mi ciudad y, al principio, trataba de justificar a las demás chicas que me excluían. Pensaba que quizás era porque yo era nueva y que, con el tiempo, todo iba a mejorar.
Pero no fue así.
Hasta la profesora tenía preferencias y casi nunca me dejaba jugar los partidos.
Debo admitir que entrar a ese club fue uno de mis mayores arrepentimientos. Quizás suene exagerado, pero ese lugar me dejó muchas inseguridades. Cada vez que volvía de entrenar regresaba de mal humor. Era un ambiente que, visto desde hoy, estaba lleno de señales de alerta, y terminó haciendo que odiara un deporte que antes me gustaba.
Pero esa es una historia para otro día.
Después de un tiempo pensé que, si cambiaba mi personalidad o me esforzaba un poco más, finalmente iba a lograr encajar. Siempre había una excusa: que era demasiado tímida, que hablaba poco, que no era buena en los deportes... Nunca se me ocurrió pensar que, tal vez, simplemente estaba intentando pertenecer a un lugar donde nunca me iban a valorar.
No quiero dar el típico discurso sobre el amor propio, porque sé que las cosas no siempre son tan simples. Pero creo que, a veces, deberíamos detenernos un momento y preguntarnos si realmente somos nosotros el problema o si simplemente estamos intentando encajar en un lugar donde no somos bien recibidos.
Con el tiempo entendí que no todas las personas van a conectar con nosotros, y eso no significa que haya algo malo en nosotros ni tampoco en ellas. Simplemente hay lugares y personas con las que no coincidimos.
No dejes que un grupo o unas cuantas personas apaguen tu brillo. Algún día vas a encontrar personas que te acepten por quien eres, sin que tengas que cambiar tu personalidad para sentir que perteneces.
No sé si algún día voy a dejar de recordar esa sensación por completo.
Pero sí sé que ya no quiero medir mi valor por las personas que decidieron dejarme afuera.
Gracias por leer hasta aquí. ♡
Nos vemos en la proxima entrada💫
Me sentí muy identificada con esta entrada. Que te dejen afuera duele muchísimo, sobre todo cuando uno termina creyendo que el problema es uno mismo
ResponderBorrarPero es muy cierto! Nadie debería sentir que tiene que cambiar su personalidad para encajar. Las personas correctas llegarán en su debido momento ❤️